Rosario Weiss, la ilustradora y pintora romántica a recuperar

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Rosario Weiss, la ilustradora y pintora romántica a recuperar

Cuando la Biblioteca Nacional envió con el cierre del año sus previsiones de exposiciones para 2018 a medios, un nombre nos llamó la atención en la redacción de Librópatas. Era el de Rosario Weiss, ilustradora del Romanticismo, a quien le iban a dedicar una exposición. Y era una ilustradora de la que no sabíamos nada, lo que hacía que el descubrimiento fuese todavía más interesante.

A medida que se acercó la fecha de la inauguración de la exposición, con la convocatoria de prensa para el anuncio de la apertura, la figura de Weiss fue quedando más clara. Weiss, quizás o quizás no hija ilegítima de Goya, parecía una excusa perfecta para ir a Madrid simplemente por ver lo que nos querían mostrar de ella. No hemos ido a Madrid todavía (aunque la exposición está abierta hasta el 22 de abril, así que tenemos todavía tiempo), pero la fiebre Weiss ya la hemos comenzado.

Rosario Weiss es una de esas mujeres con una biografía fascinante que ha dejado el Romanticismo en España (que sí, que pensar en el Romanticismo movimiento literario hace que en cierto modo nos dé ligera pereza pero que, cuando una se adentra en quienes vivieron y trabajaron en la época, hace que se encuentren biografías muy interesantes y muchas veces muy olvidadas). Más allá de que sea hija o no de Goya, lo que ha sido como el punto de interés recurrente que se ha mostrado sobre ella, Weiss merece nuestra atención por ella misma. Fue artista, logró vivir de sus ilustraciones (sosteniendo a su madre también con sus ingresos) y acabó siendo profesora de dibujo de la reina Isabel II y de su hermana, la infanta Luisa Fernanda.

Por supuesto, cuando lees un par de pinceladas sobre su vida (que es básicamente lo que acabas haciendo cuando recibes una convocatoria de prensa tan prometedora), lo primero que quieres es saber más de ella. En mi caso, me lancé rauda y veloz a las librerías online en busca de una biografía de Rosario Weiss. Hay que decir que la gran biografía de esta ilustradora y pintora está todavía por escribir (y esperamos que alguien lo haga y pronto).

Lo que encontré en esa primera búsqueda fueron dos libros: La jeune batarde et la modernite. Goya et La laitiere de Bordeaux, de Guadalupe Echevarria y que está sin disponibilidad de ejemplares en todas las librerías online que he probado en las que lo he encontrado y que por tanto se queda como libro por leer, y Rosario Weiss, la ahijada de Goya, de Jaime Esaín Escobar y que prometía ser una biografía muy documentada (eso es lo que ponía en la contraportada) sobre Weiss. En realidad, la lectura de este último texto fue bastante decepcionante, ya que la biografía de Weiss está más centrada en Goya que en otra cosa y no tiene gran profundidad ni sobre la vida de Weiss ni sobre la experiencia de ser una mujer pintora en ese momento histórico. Aun así, este texto será – con Goya y las mujeres, de Natacha Seseña, el otro libro que compré rápida y veloz en una librería de viejo para intentar saber más de Weiss – una de las principales fuentes de este artículo en lo que a datos biográficos se refiere. Por supuesto, también busqué a Weiss en la Hemeroteca Digital de la BNE, pero su presencia en los medios de su época que localiza el buscador no es gran cosa.

Leocadia Zorrilla, una moderna del XIX

Para contar la historia de Rosario Weiss hay que remontarse antes a la de su madre. Leocadia Zorrilla se quedó huérfana joven y fue criada por unos parientes. Una de esas parientes era Gumersinda Goicoechea, la que se convertiría en nuera de Goya y gracias a lo que Leocadia Zorrilla entraría en el círculo del pintor. Zorrilla cuenta también con una biografía bastante interesante, una de esas mujeres que parecen unas modernas para principios del XIX y finales del XVIII (pero cuando se lee sobre las mujeres de esa época se ve que es producto también de su tiempo).

En 1807 Zorrilla se casó con Isidoro Weiss, el hijo de un joyero de Madrid. La novia aportaba al matrimonio una dote fabulosa, dote que la familia Weiss usó para intentar reflotar el negocio familiar sin éxito. Unos años después el matrimonio, que tenía dos hijos, se separó de bastantes malas maneras (y Zorrilla seguramente no vio nada del dinero que había aportado al matrimonio). Esto fue por 1812, cuando además dividieron los hijos que tenían entre los dos.

Zorrilla se quedó con el pequeño, Guillermo. En 1814 nacería María del Rosario, la hija pequeña y legalmente hija de Weiss. ¿Lo fue? ¿Hubo un acercamiento entre el matrimonio o es Rosario hija de otro padre? ¿Es hija de Goya, como algunos expertos especulan?

Tras la separación de Weiss, Leocadia Zorrilla pasó penurias económicas. De hecho, en 1814 llegó a pedir una ayuda por estar en la indigencia. Lo que ocurrió en lo que resta de década es una de esas lagunas en la biografía de Rosario Weiss, aunque a principios de la década siguiente se puede ya situar a su madre en el entorno directo de Goya. El pintor vivía en la Quinta del Sordo, en Madrid, y Leocadia Zorrilla lo hacía también. Como tantas mujeres que se convertían en parientes pobres en aquella época (y solo hay que leerse unas cuantas novelas inglesas del momento para encontrarlas como ruido de fondo), acabó viviendo con un familiar, aunque fuese de forma indirecta, y asumiendo tareas en el hogar de ese familiar, en este caso una suerte de ama de llaves. Y, años después, Zorrilla sería la pareja del pintor.

Leocadia Zorrilla fue una mujer independiente y liberal, lo que tendrá un impacto directo en la vida y en la educación de Rosario Weiss. Por un lado, todo esto hace pensar que recibió una educación más completa que la que recibían una parte muy importante de sus contemporáneas, o al menos más abierta. Por otro lado, el compromiso liberal de Zorrilla hizo que acabasen pasando al exilio cuando Rosario Weiss era una niña. Zorrilla y sus dos hijos acompañan a Goya en su exilio en Burdeos.

La formación artística de Rosario Weiss

Goya fue el primer maestro de Weiss de dibujo y pintura. De hecho, se conservan los dibujos de esta etapa, cuando la niña Rosario copia las muestras que Goya crea para ella. El pintor – quien además tenía una relación muy próxima con la niña, a la que llamaba Mi Mariquita – no fue su único profesor.

Weiss fue alumna de Pierre Lacour, quien influirá poderosamente en su estilo y quien le aportará influencias neoclásicas. Los expertos ubican ahora a Weiss en el Romanticismo, pero en un Romanticismo con influencias de su formación neoclásica francesa. En Francia, además, la pintora también descubrirá la litografía.

La vida en el exilio para la familia Weiss-Zorrilla no fue fácil, ya que el pintor murió en 1828 dejándolos sin ningún sostén económico. Ni Leocadia Zorrilla ni sus hijos estaban en el testamento del pintor y tuvieron que abandonar la casa una vez que la familia del mismo se hizo cargo de la situación. Zorrilla comenzó a tirar de contactos para pedir alguna mejora en su situación y solicitaría una pensión del gobierno francés como exiliada, de la que vivirían hasta que el cambio político en España en los primeros años 30 del XIX les permite volver a Madrid.

La artista profesional

Pero la vida en Madrid no fue tampoco fácil económicamente y Rosario Weiss, que entonces ya tenía 19 años, empieza a emplear su talento con fines económicos. La artista se convierte entonces en una profesional, alguien que vive de lo que pinta y dibuja. Su primer biógrafo considera que, si Weiss no hubiese tenido que esforzarse por subsistir entonces con su arte, podría haber desarrollado más sus conocimientos artísticos y su formación y convertirse en una pintora de primer nivel. También alerta de cómo a las mujeres artistas se las suele juzgar de un modo mucho más injusto y como esto hace que se las vea de un modo mucho menos profundo.

Weiss hace ilustraciones, dibujos y retratos a lápiz del mundillo cultural y de la burguesía de la época. Y, sobre todo, en aquella primera época se convierte en copista. “No sería fácil vivir de la pintura, menos siendo mujer”, apunta Carlos Sánchez Díez, comisario de la exposición que ahora se le dedica en la Biblioteca Nacional. Las copias de cuadros célebres eran un mercado dinámico en aquella época y Weiss se dedica a ello, copiando en una colección privada, en la Academia de San Fernando y en el Museo del Prado. “Las copias le generaban ingresos, pues había demanda; cuando ella pide permiso a la regente María Cristina para que le bajaran algunas pinturas del Museo del Prado con el fin de poder copiarlas -pues era corta de vista y entonces el Museo tenía sus muros completos casi desde el suelo al techo-, argumenta que es el único medio que tiene para seguir progresando como pintora y para sostenerse económicamente”, añade Sánchez Díez.

Y quizás en este terreno Weiss cruzó alguna línea con afanes lucrativos. ¿Fue la artista también una falsificadora profesional? La biografía de Jaime Esaín Escobar simplemente deja caer que estuvo metida en cosas turbias, pero salta rápidamente a otra cosa. Natacha Seseña da más datos, pero tampoco aporta mucho. Un restaurador le daba lienzos viejos para que pintara las copias y pudiera darle aire antiguo. Quizás, especula Seseña, el restaurador las vendía luego como arte antiguo (o quizás no…). El único hecho factible sobre esta potencial carrera como falsificadora es que, tras hacer un par de copias, no le dejaron volver a entrar como copista en la colección privada en la que había trabajado.

Pero poco importa este giro de la trama porque su carrera estaba ya en el buen camino en lo que a profesionalización se refiere. La pintora participa en exposiciones anuales, entra a formar parte del Liceo y logra ser nombrada Académica de San Fernando.

Lo fue de mérito y no con un título honorífico. Quizás el momento cumbre en esta ascensión en su carrera es que se convirtió en profesora de dibujo de Isabel II, cargo para el que ella misma se postula con una carta cuando se abre a una nueva contratación el cargo de profesora de dibujo y para el que es seleccionada.

Es el episodio final de esta interesante pero breve biografía, porque en 1843, cuando solo tenía 28 años, muere. En el primer texto biográfico publicado en aquella fecha se echa culpa al susto llevado en medio de los tumultos del 43, cuando tuvo que atravesar calles alzadas en armas para ir a trabajar. Las fuentes contemporáneas, sin embargo, señalan que murió de cólera (una de esas enfermedades recurrentes del siglo XIX).

Y a partir de ahí entró en la parte más gris de la historia del arte, esa en la que acaban sepultadas tantas mujeres artistas. Sus obras aparecieron en una exposición en los años 20 sobre los discípulos de Goya, al menos en lo que la hemeroteca señala en lo que historia se refiere, pero su nombre se queda sin mucha mayor trascendencia.

Ahora las obras han sido recuperadas y a lo grande en una muestra que “reivindica su faceta como creadora”, como dice Carlos Sánchez Díez, el comisario de la exposición, en un programa de RNE. La exposición se centra en su yo artista y no en su yo biográfico y en ella lo importante es que se conozca su obra y se ponga en valor y no tanto su biografía como una más de las mujeres del entorno de Goya. Rosario Weiss reivindica su papel en el mundo.


Imágenes| Cortesía BNE salvo mención
1. Retrato de Rosario Weiss
2. Retrato de Leocadia Zorrilla, por Goya /Wikimedia Commons
3. Una ilustración de R. Weiss
4. Mujer en el jardín, de R. Weiss
5. El mítico retrato de Larra, que es obra de Rosario Weiss

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Source: Librópatas

2018-02-06T08:03:53+00:00 06 / 02 / 2018|Librópatas|