Por qué ya no se puede vivir (solo) de la literatura

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Por qué ya no se puede vivir (solo) de la literatura

Vivir de la literatura es o completamente imposible o lo es prácticamente. Esa es la conclusión que se puede extraer de los últimos datos de la estadounidense Authors Guild, la asociación que agrupa a los escritores y que acaba de lanzar sus datos anuales de ingresos medios de los autores, y, sobre todo, de la reflexión que su responsable, Mary Rasenberger, hace ante The New York Times al hilo de los datos.

Los datos de la Authors Guild muestran una caída de los ingresos medios que consiguen los escritores (estadounidenses, claro) gracias a sus libros. La media de ingresos de 2017 (el último año analizado, aunque los datos acaban de salir) está en los 6.080 dólares al año, lo que supone un descenso del 42% frente a lo que se lograba de media en 2009. En 2007 la cantidad era el doble: de 12.850 dólares al año. También han caído los ingresos por libro, en un 21% entre 2013 y 2017 y en un 50% si se compara con 2007.

Los escritores que se dedican a tiempo completo a la escritura ganan de media 20.300 dólares al año, lo que, como recuerdan en la nota de prensa de presentación de datos de la Authors Guild, está por debajo de la línea que marca el umbral de la pobreza para una familia de tres o más miembros en EEUU. Quienes han visto una mayor caída en sus ingresos han sido los escritores de la llamada “ficción literaria”. Además, para los escritores a tiempo completo, cada vez es más importante depender de elementos derivados de su trabajo literario. Solo el 21% de estos escritores sacaron el 100% de sus ingresos de la escritura.

El organismo tiene también bastante claras cuáles son las causas que ellos creen que están detrás de esta caída. Para ellos, el peso dominante de Amazon en el mercado del libro hace que las cosas sean mucho peores para los escritores, especialmente por su peso en el mercado de la autopublicación. Los escritores autopublicados no tienen más remedio, señalan, que pasar por Amazon y aceptar las reglas del juego que este impone.

Amazon es el principal acusado, pero no el único de la industria de la tecnología. “Amazon, pero también Google, Facebook y cualquier otra compañía entrando en el negocio de los contenidos, devalúa lo que producimos para bajar los costes de la distribución de contenidos y se llevan una parte injusta de los beneficios que quedan por servir ese producto reducido”, explica en la nota de prensa el vicepresidente del organismo, Richard Russo.

También hablan de acuerdos de royalties y de avances sobre libros más bajos. El hecho que se vendan libros a descuento (algo que no se puede traspasar a España, donde el precio del libro es fijo) también hace que caigan los ingresos de los libros. Creen que las editoriales han creado una “mentalidad blockbuster”, lo que les lleva a apostar por libros de celebrities que se llevan avances masivos y esfuerzos de marketing.

“En el siglo XX, un buen escritor literario podía ganar unos ingresos de clase media solo escribiendo”, señala Mary Rasenberger, la directora ejecutiva del organismo, al Times. Ahora tienen que completar sus ingresos con otras cosas e incluso ahí tienen problemas. Habitualmente, señala el diario, los escritores completaban su trabajo en ficción con textos para revistas y periódicos. La crisis de los medios de papel ha hecho que las cosas sean también mucho más difíciles para ellos. Si a eso se suma que, como recuerda Mary Rasenberger, “todo el mundo piensa que puede escribir, porque todo el mundo sabe escribir” (algo que pasa también en otras profesiones, como el periodismo), se comprende mejor por qué la profesión se ha devaluado. Se tiende a pensar que “cualquiera” puede producir un texto literario, sin tener en cuenta que eso requiere un trabajo previo importante.

Pero en justicia y en búsqueda de la objetividad quizás habría también que analizar de forma un tanto más crítica lo que se ha sido y lo que se es. Es decir, los números de la Authors Guild muestran un indiscutible descenso y no se puede negar que las cosas son ahora mucho peores de lo que eran hace 10 años. Sin embargo, eso no debería hacer asumir que las cosas eran asombrosamente fáciles para los escritores en el pasado o que lo eran en todas partes.

Quizás también habría que señalar que quizás no todo tiempo pasado fue mejor y que a lo mejor esos datos sobre escritores que ya vivían de lo que escribían está muy limitado a quienes tenían cierto nivel de éxito (en el artículo del Times uno de los ejemplos que pone la responsable de la organización sobre escritor que lograba ingresos de clase media es Hemingway) o a ciertas literaturas.

Buscando una vez otra cosa en la Hemeroteca Digital de la BNE me había encontrado hace algún tiempo con artículo de principios del siglo XX en el que hablaban de la difícil situación en la que se encontraba la viuda de un escritor tras la muerte y enfermedad del autor. La familia del escritor no tenía ya ni para comer, pero tampoco lo había tenido en los últimos tiempos de vida del autor, cuando las facturas de los médicos se apilaban y él casi no escribía.

Trabajar para los medios era también ultraprecario entonces, tanto que lo que mejor podía pasarte era que alguien te “enchufase” en algún puesto con carácter nominal para recibir algún tipo de paga de alguna administración. El caso que siempre se recuerda es el del periodista (hombre) que figuraba como ama de cría en Madrid para recibir un pago por esa vía.

Por tanto, ¿hubo realmente un momento en el que se podía vivir de la literatura? ¿O entonces también solo lo podían hacer quienes tenían un nivel de éxito medio o alto? Quizás la cuestión esté en que antes llegar a un nivel de éxito medio podría ser más fácil que ahora (o quizás no, nadie ha hecho estadísticas sobre ese tema y solo podemos hacer cábalas sobre ello).

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2019-01-11T09:39:00+00:00 11 / 01 / 2019|Librópatas|