La formación de una traductora

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La formación de una traductora

Habitualmente, cuando se publican biografías literarias suelen estar protagonizadas por escritores. En todo caso, cuando se amplía el círculo suele hacerse a su familia inmediata o a personas que tuvieron un impacto importante en la carrera de algún escritor decisivo en la historia de la literatura. La lista se suma con libreros, editores y bibliotecarios (quizás en ese orden de posibilidad de que aparezcan en la lista de material para libros). Menos habitual es ver a los traductores entre las novedades editoriales como protagonistas, a pesar de que su papel en nuestro acceso a los libros es – aunque poco visible (un buen traductor hace que su trabajo sea invisible) – crucial.

Por eso, llama ya de entrada la atención Versión original. Memorias literarias narradas a Oleg Dorman, el libro que acaba de publicar Automática Editorial. La protagonista de esta narración es Lilianna Lunguiná y era una traductora. Lunguiná narró sus recuerdos a Dorman para una pieza audiovisual y este ha hecho una transcripción editada que se convirtió en un libro, publicado en ruso hace unos años y traído ahora a España (por, parece casi obligado decirlo en este caso, los traductores Yulia Dobrovolskaia y José María Muñoz Rovira).

Versión original no es un libro sobre los avatares de la traducción (que en parte sí), sino sobre la trayectoria vital de Lunguiná y cómo se convirtió en un actor cultural en la URSS de después de la II Guerra Mundial. Es, en definitiva, la historia de la formación de una traductora.

Y esa historia es fascinante a muchos niveles. Lo es partiendo de la historia de la URSS, lo es teniendo en cuenta que Lunguiná era judía y cómo el antisemitismo impactó a lo largo del siglo XX en su biografía y lo es como la historia de una mujer que tiene que encontrar su lugar en un momento de la historia en el que las cosas estaban cambiando para las mujeres (pero no lo estaban haciendo tanto). También es una historia sobre esas décadas de Entreguerras y la Europa del momento (Lunguiná vivió primero por el trabajo del padre y después por la naturaleza un tanto bohemia de su madre en diferentes países de Europa durante los años 20). Y es, por supuesto, una historia que captura como texto sobre la historia de la literatura.

Liliana Lunguiná fue la persona clave que logró que la literatura escandinava fuese publicada en ruso durante la segunda mitad del siglo XX y la traductora que consiguió que muchos clásicos de la literatura infantil y juvenil escandinava y alemana fuesen volcados a ese idioma. El cómo llegó hasta allí es una suma de factores: ella en realidad era de entrada traductora del francés, que era el lenguaje de su infancia.

La biografía de Lunguiná arranca en la Rusia de la Revolución Rusa y sus primeros años. Nació en Smolensk, en 1920. Sus padres se habían conocido años atrás y se había enamorado, pero la I Guerra Mundial los mantuvo separados. El padre fue soldado y prisionero de guerra en Alemania durante muchos años, algo que le permitió aprender alemán y que lo convertiría en un trabajador valorado en los primeros años 20. La URSS lo mandaría, de hecho, a Alemania. La madre había fundado una guardería durante la guerra, pero era una pionera de los guiñoles y del teatro de marionetas.

La infancia de Lunguiná se desarrolló en Alemania, a donde la llevó el trabajo del padre, y luego en Francia, donde estará con su madre y donde esta desarrollará su trabajo artístico. El padre, que había sido llamado a Moscú, se había quedado atrapado en el país sin posibilidad de salir. Tras un divorcio y un segundo matrimonio de la madre, Lunguiná y su madre volverá a la URSS cuando la futura traductora era una adolescente.

El choque cultural entre el París de los años 30, el último lugar en el que vivieron, y el Moscú de la misma época fue brutal para la joven, que ya había sentido que entraba en un mundo diferente cuando habían cruzado la frontera en Polonia. Pero esa infancia en esa Europa de Entreguerras fue, posiblemente y como ella señala en sus memorias en ocasiones, lo que hizo que su visión de la URSS fuese diferente. Sin duda, fue lo que le dio la puerta a dominar diferentes idiomas. Cuando volvió a la URSS, de hecho, no era capaz de escribir y leer ruso de forma fluida.

Lunguiná se convertirá en traductora después de la II Guerra Mundial. Aunque su área de especialización era el francés, el idioma estaba “demasiado lleno” ya de traductores y ella no tenía muchas oportunidades. Sus orígenes judíos eran lo que limitaba sus posibilidades laborales. Ella misma lo cuenta y a ella misma se lo dijeron en su momento. Para encontrar una ventana abierta, tenía que encontrar un idioma en el que tuviese poca competencia y así se lanzó a por las lenguas escandinavas, que había empezado a estudiar por casualidad durante sus años universitarios.

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Source: Librópatas

2019-03-18T08:58:00+00:00 18 / 03 / 2019|Librópatas|