Anya Seton, un best-seller con 75 años de vida y la recuperación de una escritora

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Anya Seton, un best-seller con 75 años de vida y la recuperación de una escritora

La joven hija de un granjero, allá en las primeras décadas del siglo XIX en el Estados Unidos rural, está bastante harta de la vida que lleva. Su universo se limita a batir mantequilla y quitar malas hierbas, a cumplir con lo que se espera que haga “una buena chica” en una familia muy religiosa y puritana. Cuando uno de los primos de su madre, el heredero de una rica familia de orígenes holandeses, pide a sus padres que se la “cedan” como acompañante para su hija, una niña que necesita instrucción, la joven ve el futuro abierto y una oportunidad para romper con su agobiante entorno. El primo de su madre es más joven de lo que pensaba, rozando la treintena, atractivo y misterioso y vive en una casa palaciega tan atractiva y misteriosa como su dueño. En cuanto la casa aparece en escena ya tenemos claro qué nos espera.

Porque la joven hija del granjero es Miranda Wells, la protagonista de Dragonwyck, una de las novelas más populares de Anya Seton y que acaba de publicar en castellano Libros de Seda. “En concreto es lo que se conoce como romántica gótica, con mucho misterio y suspense, como las novelas de Jane Eyre o Cumbres Borrascosas. La trama romántica no es lo principal, sino el suspense”, nos explicaban desde la editorial cuando Dragonwyck llegaba a librerías.

La historia no es por tanto una novela romántica como las que hoy esperamos de la industria editorial, sino más bien uno de esos melodramas con vueltas de tuerca oscuras muy del gusto de la industria editorial de hace unas cuantas décadas. Porque, ciertamente, Dragonwyck es un best-seller, pero uno con una larga trayectoria. Se publicó por primera vez en 1944. A España llegó en 1967 como El castillo de Dragonwyck, como demuestra una búsqueda en el catálogo de la Biblioteca Nacional, aunque antes ya se había publicado a Seton. En 1956 se tradujo el primer libro que fue publicado en España, El muérdago y la espada.

Para quien lee desde 2019, aunque hay algunas cosas que chirrían un poco al lector contemporáneo (como el fat shaming recurrente vinculado a uno de sus personajes), Dragonwyck sigue logrando atrapar al lector con su narración de misterios y secretos, como la novela gótica que es, pero también funciona como una lectura interesante a otros muchos niveles.

Lo es para descubrir una historia con una base bastante feminista para el momento en el que fue escrita (1944), en la que la historia parte de una joven harta del lugar que la sociedad quiere que ocupe en el mundo y sigue con una narración en la que, en esencia, los problemas vienen de que se les ha quitado agencia a las mujeres. Y lo es también para descubrir a una escritora, Anya Seton, que ha quedado olvidada en los libros de literatura, como por desgracia no es tan extraño con las escritoras históricas por mucho que hayan sido superventas.

Mariner Books sigue publicando los libros de Anya Seton en inglés (y sus cubiertas son preciosas, por cierto) pero Seton no es una de esas escritoras que aparece en los artículos, los reportajes y las narraciones sobre el pasado literario y su importancia, aunque se la siga leyendo y haya aparecido en unos cuantos listados de libros y novelas favoritas, especialmente cuando quienes las hacen son lectores y no medios. De hecho, los contenidos mejor posicionados en Google siguen siendo sus obituarios, publicados en la prensa estadounidense en los 90. Cuando fue hace unos meses una de las respuestas en el crucigrama de The New York Times, a los lectores se les atascó un poco bastante la respuesta.

Eso sí, una de sus novelas estuvo seis meses seguidos en la lista de los más vendidos en The New York Times en los 70 y fue también una de esas escritoras que triunfaron mucho en los 30-40, cuando apareció la novela que publica ahora Libros de Seda. Seton comenzó su carrera cuando los lectores buscaban libros de temas históricos, cierto exotismo, misterio y heroínas fuertes, como recordaban hace unos años en una columna sobre Seton y su obra. Era la época en la que Margaret Mitchell triunfaba con Lo que el viento se llevó. Sus novelas encajaban muy bien con esa idea.

La investigadora Lindsey Marie Okoroafo realizó su tesis doctoral sobre el significado feminista de tres novelas históricas de Seton y, aunque ninguna de las analizadas es Dragonwyck, los primeros capítulos de su investigación (que se puede leer en abierto en la web de la Universidad de Louisville) ayudan a comprender mucho mejor la biografía de la escritora. La investigadora defiende que las novelas de Seton “merecen más atención escolar porque son contribuciones significativas a la literatura y a la historia de las mujeres”.

Una biografía de una escritora

Anya Seton nació en 1904. Su madre, Grace Gallantin Seton, era una mujer moderna, una de las líderes del movimiento sufragista en Estados Unidos y una escritora profesional, en este caso de libros de viajes. Su padre, Ernest Thompson Seton, es quien ha pasado más a la posteridad en Estados Unidos. También era escritor y fue uno de los cofundadores de los Boy Scouts. Entre sus padres la relación era tirante. Como explica Okoroafo, las diferencias no venían solo marcadas por acusaciones de infidelidad sino también por la diferencia ideológica entre un hombre tan vinculado a la creación de una organización que partía de principios tan patriarcales y una mujer pionera del sufragismo. Los Seton se acabarían separando, aunque sería a finales de los años 20 y Anya Seton ya era una mujer adulta.

Anya Seton con sus padres

Anya Seton con sus padres

El primer objetivo vital de Anya Seton en lo que a su carrera se refiere fue el de ser médico. En los años 20, tras pasar por el instituto, Seton comenzó como aprendiz de una doctora, el paso previo obligatorio entonces para estudiar medicina. Nunca lo hizo. “Me casé en su lugar y eso fue todo”, diría ella después.

En 1923 se casó con el que sería su primer marido, con el que tendría dos hijos, y del que se divorciaría tras siete años de matrimonio para casarse con el que entonces era su ‘amante’. Con este segundo marido tuvo a su tercera hija, que sería el catalizador de su carrera literaria. A principios de los años 30, empezó a escribir para revistas para ganarse un dinero extra. Era una actividad que podía hacer desde casa, algo que le obligaba el tener tres hijos pequeños y que uno de ellos fuese una recién nacida (y que es un punto de partida que hemos visto en tantas y tantas historias de escritoras). Hasta entonces no se había atrevido a dar el paso a escribir, porque había crecido en una familia de escritores y había visto la realidad literaria desde dentro.

Tras publicar historias cortas, dio el paso a la novela con su primera obra, My Theodosia, en 1941 y a partir de ahí empezó a publicar novelas cada dos o tres años durante esa década y la siguiente. Seton publicaba bastante, pero lo hacía además con una buena recepción. Dos de sus novelas de esos años (una de ellas Dragonwyck) se convirtieron en éxitos de Hollywood.

Sus novelas tenían detrás años de investigación, como recuerda la investigadora en su tesis, y se colaron en las listas de los libros más vendidos de sus años de publicación. Dragonwyck fue, por ejemplo, uno de los 15 libros de ficción más vendidos de 1944. Por eso resulta tan sorprendente que, aunque los lectores siguen recordando a la escritora (Okoroafo da como datos que un listado de las cien novelas de todos los tiempos de un programa de la BBC incluía hace no muchos años a Katherine, una de las obras de Seton), no ocurra lo mismo en el mundillo literario ‘serio’. Seton no protagoniza análisis, libros y ensayos.

Por tanto, es el momento de leerla y recuperar su biografía. En el segundo semestre, Libros de Seda también recuperará, por cierto, Catalina, justo la novela que aparecía en ese listado de la BBC.

Fotos Anya Seton, en el día de su boda vía| retrato familiar vía | Anya Seton adulta vía 

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Source: Librópatas

2019-03-06T11:57:51+00:00 06 / 03 / 2019|Librópatas|